La vida se va conformando más y más de esos contenidos y ofrecimientos impersonales que tienden a desplazar las genuinas sutilezas y los rasgos incompatibles de la persona. Esto tiene como resultado que el individuo conserve al máximo la singularidad y particularidad a fin de preservar su núcleo más personal. Tiene que exagerar este elemento personal para poder continuar escuchándose a sí mismo. La atrofia de la cultura individual a través de la hipertrofia de la cultura objetiva es una razón que explica el odio amargo que los predicadores del más extremo de los individualismos, sobre todo Nietzsche, guardan para la metrópoli. Pero ésta es también, efectivamente, una razón por la que esos predicadores son amados con tanta pasión en la metrópoli y por la que aparecen al hombre metropolitano como profetas y salvadores de sus deseos más insatisfechos. ~ Georg Simmel, La metrópolis y la vida mental.